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LOS RAYOS DEL SOL Y LA PIEL, ¿ADIÓS AL BRONCEADO?

6 enero 2016

Lucir una piel bronceada realza la belleza física y se percibe como un atributo asociado a una buena salud y una vida activa al aire libre; sin embargo, la verdad es que exponerse a los rayos del sol, para que la piel adquiera ese hermoso color canela, resulta contraproducente y puede predisponer a varios cánceres cutáneos cada vez más comunes, a la vez que acelera el proceso natural de envejecimiento de la piel.

El exceso de exposición a la luz solar, sobre todo si ocurre desde la infancia, y las frecuentes quemaduras solares durante la vida, aumentan el riesgo de aparición, en cualquier momento, de ciertos tipos de cánceres de la piel como son el carcinoma basocelular, el carcinoma escamocelular y el melanoma.

Tales tumores se deben al efecto dañino de las radiaciones ultravioleta de la luz del sol (rayos UV-A y UV-B) que tiene lugar cuando estas penetran hasta las capas más profundas de la piel y alteran la integridad del material genético (ADN) de las células cutáneas. Dicho efecto no es inmediato sino acumulativo, es decir que entre más veces se exponga en exceso una persona al sol es mayor su probabilidad de desarrollar alguno o varios de estos cánceres.

Así, sufrir de quemaduras solares (aunque sea solo una vez) antes de los 10 años o varias veces (más de 2), a partir de esta edad y durante la adolescencia, incrementa hasta 20 veces el riesgo de carcinoma basocelular o escamocelular y en cerca de 10 a 15 veces el de melanoma, después de los 30 años. Dicho riesgo también está asociado al uso repetitivo de cámaras de bronceado.

Al respecto, los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) consideran que el riesgo de desarrollar cáncer de piel es 4 veces más elevado entre las personas que usan cámaras bronceadoras y recomiendan evitar por completo las sesiones de bronceo en cámara antes de los 20 años, así como después de los 50. Entre los 20 y 50 años debe limitarse su uso a no más de 20 sesiones por año; de hecho, en una reciente comunicación, la OMS no aconseja el uso de cámaras de bronceado intensivas o "biturbo", para obtener un bronceado exprés.

Envejecimiento prematuro

La preocupación por el cáncer no es la única; los rayos UV-A y UV-B también inciden en acelerar el proceso normal de envejecimiento de la piel, ya que acentúan la pérdida de colágeno, elastina y otros componentes (como ciertos lípidos y factores humectantes naturales) esenciales para mantener la elasticidad, la firmeza y la lozanía de la piel. Todo ello ocasiona un envejecimiento cutáneo prematuro (que comienza antes de los 25 años y se hace notorio desde los 35 años), denominado fotoenvejecimiento.

Las medidas más efectivas para prevenir los problemas de la piel ocasionados por los rayos UV-A y UV-B son evitar la exposición excesiva al sol, cubrirse apropiadamente al estar al aire libre y utilizar un protector solar adecuado, es decir, con un factor de protección solar > 30 contra los rayos UV-B y que además proteja contra las radiaciones UV-A (la escala incluida en estos productos viene dada por estrellas y son apropiados aquellos con 3 o más estrellas). Dichas medidas son aún más importantes en los niños y adolescentes menores de 15 años.

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