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LECHE MATERNA: EL MEJOR ALIMENTO PARA TU BEBÉ

6 enero 2016

La leche materna es el mejor alimento para los bebés, desde el momento mismo del nacimiento y durante los primeros 6 a 8 meses de vida, porque contiene no sólo todos los nutrientes y el agua que necesitan, sino que les brinda muchos otros compuestos esenciales para su crecimiento y desarrollo.

Es por eso que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la alimentación exclusiva con leche materna durante los primeros seis meses de vida, y a partir de tal edad, debe complementarse con otros alimentos, adecuados y saludables. Además, los expertos en nutrición infantil de la OMS y la UNICEF aconsejan prolongar la lactancia materna hasta que el bebé cumpla dos años, siempre que sea posible.

Desde el punto de vista nutricional, una de las características más importantes de la leche materna es que es un alimento completo y natural, por lo que todos sus componentes son de fácil digestión, asimilación y absorción en el tracto digestivo del bebé, a la vez que están presentes en las cantidades más adecuadas. Es más, la composición de la leche materna no es constante, sino que cambia con el paso de los días y meses para adaptarse a los requerimientos del bebe y sus necesidades.

Por ejemplo, la primera leche producida justo después del parto se denomina calostro y de manera característica contiene una gran cantidad de anticuerpos (inmunoglobulinas) y células de defensa (macrófagos) que ayudan a prevenir las infecciones y las alergias, vitaminas (en particular vitamina A, E, K), proteínas (sobre todo alfa-lactoalbúmina), colesterol (necesario para la formación de las membranas de las células) y enzimas digestivas o con actividad antibacteriana (como la lisozima), así como sustancias con efecto laxante que contribuyen a limpiar los intestinos del recién nacido (facilitando la eliminación del meconio, lo que disminuye el riesgo de que el bebé desarrolle ictericia) y una proporción relativamente baja de lactosa.

Así mismo, durante las primeras semanas de vida, es normal que los recién nacidos pierdan algo de peso, a la vez que varias de las funciones de su organismo están en proceso de maduración (entre otras, aquellas relacionadas con el mantenimiento de la temperatura corporal), por lo que requieren un mayor aporte de compuestos altamente energéticos y formadores. En consecuencia, la leche de la mamá tiene un mayor contenido de grasas (ricas en ácidos grasos de cadena larga esenciales para el desarrollo del sistema nervioso y los órganos de los sentidos) y carbohidratos, así como de factores de crecimiento cerebral, nucleótidos (sustancias que componen el material genético celular y por lo tanto son fundamentales para que proliferen las células de los distintos órganos), proteínas, aminoácidos libres, enzimas que favorecen la digestión de los nutrientes (como la lipasa) y minerales (entre ellos hierro, sodio, fósforo, magnesio, zinc y cloro).
Una de las proteínas más abundantes en la leche materna es la lactoferrina, la cual favorece la absorción del hierro en el intestino del bebé, inhibe el crecimiento de bacterias que pueden causar enfermedades y estimula la proliferación de las células de la mucosa que recubre al intestino.

A partir del tercer mes de vida del bebé, en la leche de la mamá aumenta progresivamente la cantidad de carbohidratos (principalmente lactosa), proteínas, agua y ciertos minerales (en especial el calcio porque este es muy importante para la formación de los huesos y los dientes), a la vez que disminuye el contenido de colesterol y algunas grasas, lactoferrina e inmunoglobulinas.

Además, durante toda la lactancia, la leche materna tiene hormonas y factores de crecimiento que estimulan diversas funciones en el cuerpo del bebé, entre ellas el crecimiento de los músculos y los huesos, la utilización de los carbohidratos y las grasas para producir energía, la producción de glóbulos rojos y blancos, la actividad de su sistema digestivo y la maduración de todos sus órganos.

Por otra parte, muchas de las sustancias que contiene la leche materna, entre ellas las hormonas, los factores de crecimiento, las inmunoglobulinas y ciertos ácidos grasos esenciales, no están presentes en las fórmulas lácteas infantiles (artificiales).

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