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HORMONAS EN LOS ALIMENTOS, ¿REALMENTE AFECTAN?

16 junio 2015

Desde hace algún tiempo viene creciendo la preocupación de muchas personas por el contenido de ciertas hormonas en los alimentos, debido sobre todo a la supuesta utilización de hormonas esteroideas (como los estrógenos o la testosterona), hormona de crecimiento y hormona tiroidea, entre otras, para estimular el crecimiento y el engorde tanto del ganado como de las aves de corral, y sus posibles efectos nocivos sobre la salud.

Al respecto, es preciso aclarar varios aspectos porque este tema se ha convertido realmente en un mito social que dista mucho de la realidad.

En primer lugar, desde hace más de cincuenta años la aplicación de hormonas para promover la producción de huevos en la industria avícola o el desarrollo muscular de los animales destinados al consumo humano está prohibido en la mayoría de países del mundo, entre ellos Colombia.

Es más, si bien esta práctica fue utilizada en alguna época, sus altos costos, ineficiencia y escasos resultados llevaron a que los productores de alimentos la abandonaran, independientemente de las reglamentaciones gubernamentales, entre otras razones porque para que sean efectivas, estas hormonas deben inyectarse en los animales periódicamente, lo que resulta no solo excesivamente costoso sino imposible de realizar en la práctica.

Por otra parte, todas las hormonas mencionadas y otras más con efectos similares, si bien pueden acumularse en la carne y las vísceras de los animales, son proteínas complejas que una vez ingeridas y como parte del proceso normal de digestión que ocurre en el organismo, son fraccionadas en sus componentes básicos (aminoácidos) por acción de las enzimas digestivas presentes en la saliva, el ácido del estómago y los jugos digestivos (producidos por el páncreas y liberados en el intestino), de modo que no solo pierden toda actividad hormonal sino que son destruidas por completo y no pueden ser absorbidas en el intestino.

En otras palabras, aunque un alimento contenga hormonas, estas no pueden ser absorbidas en el intestino y no hay ninguna posibilidad de que el cuerpo las asimile ni de que estas tengan algún efecto negativo sobre la salud.

Ahora bien, algunas plantas contienen pequeñas cantidades de ciertas sustancias hormonales llamadas fitoestrógenos (lignanos, isoflavonas), cuya estructura química es diferente a la de las hormonas esteroideas por lo cual resisten la acción del ácido gástrico y las enzimas, de tal manera que el cuerpo puede asimilarlas.

Como estos fitoestrógenos comparten algunas de las propiedades de las hormonas esteroideas humanas (sobre todo los estrógenos), ejercen varios efectos en el organismo, la mayoría de ellos benéficos y, de hecho, actualmente son utilizadas en medicina para la prevención de las enfermedades cardiovasculares y la osteoporosis, así como para reducir el exceso de colesterol en la sangre (hipercolesterolemia) y aliviar las manifestaciones molestas de la menopausia.

Finalmente, es importante señalar que el uso de hormonas inyectadas (hormona de crecimiento, hormona tiroidea, hormonas esteroideas anabólicas, etcétera), con el propósito de quemar grasas o para estimular el desarrollo muscular, acarrea varias consecuencias negativas sobre el estado de salud.

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