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COMER SIN AFÁN NI DISTRACCIONES, UNA COSTUMBRE SANA QUE ESTÁ DESAPARECIENDO

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COMER SIN AFÁN NI DISTRACCIONES, UNA COSTUMBRE SANA QUE ESTÁ DESAPARECIENDO

11 diciembre 2014

Debido al agitado estilo de vida moderno y a las exigencias laborales cada vez mayores, muchas personas suelen dedicar poco tiempo a las principales comidas diarias durante los días hábiles de la semana, suprimen de sus rutinas cotidianas algunas de ellas o bien acostumbrar a realizar desayunos o almuerzos de trabajo, en los cuales dedican su atención a otras cuestiones diferentes del simple pero muy importante acto de comer.

El proceso digestivo, por el cual el organismo puede asimilar los nutrientes de los alimentos, comienza en la boca gracias a la acción de varias enzimas que tiene la saliva, pero para que estas actúen adecuadamente es necesario masticar bien los alimentos.

Al comer de afán, la masticación de los alimentos es insuficiente, las enzimas de la saliva no inician la digestión de estos y, en consecuencia, todo el proceso de la digestión se hace más lento, porque en lugar de empezar en la boca, se inicia en el estómago y ello a menudo se traduce en dolor de estómago, excesiva producción de ácido gástrico y paso anormal del contenido del estómago hacia el esófago (reflujo gastro-esofágico, más conocido como agrieras).


Además, comer rápido facilita el paso del aire por la garganta y el esófago hacia el estómago, de modo que este se llena de aire (gases) y se distiende excesivamente.

De otra parte, como los alimentos no se digieren de manera adecuada, disminuye la absorción de los nutrientes en el intestino, en particular las grasas, las proteínas y los carbohidratos, lo que puede ocasionar una nutrición deficiente y como dichos nutrientes no son absorbidos en su totalidad, cuando llegan al colon aumentan la producción de gases por las bacterias que normalmente se encuentran allí, provocando flatulencias y distensión del abdomen.

Como la digestión se hace más lenta, se acentúan algunos de los efectos normales que induce este proceso en el organismo, en particular la somnolencia después de comer; es por eso que las personas que comen con rapidez suelen sentirse embotadas, con sueño e incluso cansadas y les cuesta más reiniciar las actividades laborales después del almuerzo, por ejemplo.

Otro efecto negativo de comer de afán, es que favorece el aumento de peso y la obesidad. Lo que sucede es que al comer de esta manera en el estómago y el intestino no se produce una suficiente cantidad de las hormonas que generan la sensación de saciedad e inhiben el apetito en el cerebro (porque ello requiere de mínimo media hora), de modo que quien como en 10 minutos, no se siente lleno, termina comiendo más veces durante el día y consumiendo una mayor cantidad de alimentos con alto contenido calórico (harinas, dulces).

Para evitar estos y otros problemas de salud relacionados con el mal hábito de comer con afanes, los médicos aconsejan dedicar por lo menos 30 a 45 minutos a cada una de las comidas principales del día (desayuno, almuerzo y cena), masticar despacio y con calma y no reintegrarse al trabajo o realizar actividades (físicas o mentales) exigentes justo después de comer, sino darse un tiempo para reposar la comida, tomar una breve siesta después del almuerzo o caminar.

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