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CÁNCER Y NUTRICIÓN, ¿QUÉ DEBES SABER?

25 febrero 2019

Cuando una persona padece cáncer se debe estar atento a las variaciones que se presentan en su estado nutricional. Situaciones como la pérdida de peso, del apetito, de la masa muscular o la grasa subcutánea, pueden presentarse ya sea por efecto de la enfermedad o por causa del tratamiento de quimio o radioterapia.

Asimismo, al afectarse el correcto funcionamiento del organismo por el crecimiento de un tumor y las sustancias que este libera, el sistema inmune, encargado de la defensa frente a infecciones o la detección de células anormales, puede fallar en su sistema de vigilancia, permitiendo el crecimiento y propagación del cáncer.

Por esta razón, un sistema de defensas saludable es esencial durante el curso de la enfermedad. Esto hace necesario que se mantenga una dieta equilibrada, que aporte proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas y minerales.

En la dieta existen componentes que promueven o bloquean sustancias cancerígenas, las vitaminas y los minerales presentes en los vegetales y las frutas pueden neutralizar el efecto nocivo de las grasas saturadas y los ácidos grasos omega 6. Esto ayuda a regular la proliferación celular y los procesos inflamatorios relacionados con el cáncer.

El elegir una alimentación poco saludable, en el que se incluyen carnes rojas, embutidos, bebidas azucaradas, snacks salados y azucares refinados, puede estar relacionada con la presencia de cáncer en el sistema digestivo y seno.



    Alimentos para tener en cuenta en el cáncer

– Fibra: además de regular el tránsito intestinal, disminuye el tiempo de contacto de sustancias nocivas con la mucosa intestinal y al ser fermentada, produce ácidos grasos con propiedades anticarcinógenas. Está presente en frutos secos, cereales, legumbres, frutas y verduras.

– Vitaminas antioxidantes: ayudan a disminuir las reacciones de oxidación que pueden llevar al daño de las células. Las principales son las vitaminas A, C, E y betacarotenos, que están presentes en frutas como guayaba, papaya, kiwi; verduras como la zanahoria, brocolí, tomate; frutos secos, lácteos, huevo y aceite de oliva.

– Polifenoles: estos compuestos ayudan a los antioxidantes presentes en las vitaminas en la defensa frente a la oxidación. Se encuentran en las frutas de color rojo y morado, té verde, chocolate, café y vino tinto.

– Ácidos grasos poliinsaturados omega 3: ayudan a fortalecer las defensas y a controlar el crecimiento de las células cancerígenas. Están en pescados como el atún, salmón, caballa, frutos secos y en el aceite de linaza o canola.

– Fitoestrógenos: ejercen un efecto protector en los tumores que tienen un origen hormonal, en órganos como el ovario, seno y próstata. Estos compuestos se encuentran en las semillas de linaza, legumbres y gramíneas como la soya.

– Minerales: en especial el selenio, que tiene un papel antioxidante y modulador del sistema inmune. Está presente en pescado, ternera, cordera, pavo, pollo, hígado y cereales.

Antes de cambiar el tipo alimentación es importante que se cuente con asesoría en nutrición por parte de un especialista, quien orientará acerca de la necesidad de apoyo nutricional, uso de suplementos o manejo de efectos secundarios por el tratamiento. Dietas como la mediterránea o la vegetariana, son recomendables ya que son una opción nutricional para prevenir el cáncer.

 

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