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ALGUNOS LUNARES NO SON INOFENSIVOS: CLAVES PARA RECONOCERLOS

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ALGUNOS LUNARES NO SON INOFENSIVOS: CLAVES PARA RECONOCERLOS

24 octubre 2014

La mayoría de lunares están formados por ciertas células de la piel llamadas melanocitos y encargadas de la producción del pigmento cutáneo (melanina), que protege a la piel de las radiaciones ultravioleta de la luz del sol; es por eso que estos lunares, tan comunes, tienen un característico color oscuro. Otros lunares, menos frecuentes, son de color rojizo (lunares rojos), obedecen al crecimiento (proliferación) de pequeños vasos sanguíneos (capilares) en la piel y se presentan sobre todo en personas de piel muy blanca.

En general, los lunares no revisten ningún problema y muchos son de nacimiento, es decir que su aparición está determinada por los genes (hereditarios), pero también pueden aparecer en cualquier momento de la vida, especialmente en aquellas áreas del cuerpo expuestas a la luz solar.

¿Por qué hay que ponerles atención a los lunares?

Lo que sucede es que a veces las células que forman los lunares pueden sufrir algunos cambios dañinos en su material genético (ADN) y esto hace que empiecen a multiplicarse sin control, es decir que adquieren características malignas y terminan generando un tipo particular de cáncer de la piel denominado melanoma.

El problema con el melanoma es que es un tumor muy agresivo y puede causar la muerte porque fácilmente se disemina a otros órganos, incluso sin que esta diseminación esté precedida por un aumento de tamaño del melanoma original.

Aunque no se conocen con exactitud las razones por los cuales un lunar, aparentemente inofensivo, se vuelve maligno, una de las causas para que esto ocurra es la exposición frecuente y excesiva al sol, sobre todo desde la niñez, aún sin que esta provoque las conocidas quemaduras solares.

Otra causa de malignización de un lunar es el trauma mecánico continuo, porque algunos lunares se localizan en zonas del cuerpo donde pueden experimentar fricción repetida por las prendas de vestir; esto ocurre, por ejemplo, con los lunares localizados en la parte posterior del cuello, en la ingle o en la cintura.


Por eso es muy importante controlar los lunares con regularidad (al menos cada 6 meses) e identificar tempranamente cualquier cambio en ellos.

Los cambios que indican una alteración en las características normales de un lunar son:

- Aumento de tamaño, especialmente si el lunar tiene un diámetro mayor de 5 mm.

- Cambio de color, es decir que el lunar no tiene un color uniforme si no que presenta algunas áreas más oscuras o más claras.

- Bordes irregulares o difuminados. Los lunares inofensivos tienen un borde bien definido.

- Asimetría, o sea que el lunar no es redondeado y es más grande de un lado.

- Además, hay que poner atención si los lunares sangran o empiezan a picar, a arder o a doler.

Ahora bien, la presencia de alguna de estas señales no necesariamente indica que el lunar se haya convertido en un tumor maligno, porque puede tratarse de un cambio atípico, que no necesariamente progresa hacia cáncer.

En todo caso, ante cualquier cambio en la apariencia de un lunar es preciso acudir lo más pronto posible al médico o al especialista en dermatología.

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