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PAPÁ, ESPOSO Y AMIGO

7 enero 2016

La llegada de los hijos es un motivo de alegría, que contribuye a reforzar los lazos emocionales y afectivos de la pareja, es un motivo de realización personal y como padres genera grandes expectativas e impone retos particulares, debido principalmente a las demandas de toda índole relacionadas con su cuidado y crianza, pues ellos son un tercer elemento dentro de la dinámica de la pareja.

Al ser padres, el tiempo para compartir como pareja es menor, pues gran parte del mismo se dedica a la atención de los hijos y, con cierta frecuencia llega a ocurrir que ellos pasan a convertirse en el eje de la relación y con el paso de los años terminan siendo el único vínculo tangible entre los miembros de la pareja.

De allí la importancia de ponerse de acuerdo para compartir en pareja y no como padres, por ejemplo: ir a cine o a bailar, ir a un restaurante y compartir una cena romántica y tener tiempo para hablar de otros temas propios de la relación, distintos de aquellos relacionados con los hijos.

Aunque crear espacios sin los niños puede ser difícil, en consenso siempre es posible encontrar soluciones y decidir qué persona se hará cargo de ellos mientras la pareja disfruta de su tiempo de esparcimiento, relajación e intimidad.

Estos espacios tienen especial importancia, entre otras cosas porque permiten a ambos miembros de la pareja verse como tales mas que como padres, para así reencontrarse en ese estado de armonía, intimidad y cercanía, en el cual cada uno es para el otro compañero, esposo y amigo.

En este sentido, es importante recordar que por sobre todas las cosas y más allá de los aspectos cotidianos (como la economía del hogar, la distribución de responsabilidades, la convivencia, la toma de decisiones, etcétera), vivir en pareja significa la conjunción de dos personas diferentes que, si bien tienen un vínculo común, existen separadamente y gracias al respeto mutuo, la comunicación, la honestidad y la confianza, logran convivir en armonía, apoyarse, cuidarse y crecer, como individuos y como pareja.

Alcanzar esta convivencia armónica requiere una gran dosis de madurez, comprensión, dedicación y compromiso, así como mucho de sentido común y entereza para afrontar los problemas que inevitablemente surgen en toda relación, derivados tanto de la vida misma, como de la experiencia de compartir cada día. Además, por supuesto, del amor y el respeto mutuos, el compañerismo y la amistad son elementos esenciales de una sana relación de pareja.

Ser amigos y compañeros implica, de una parte, un profundo conocimiento del otro, generado por una buena comunicación, y se alimenta del hecho de compartir con generosidad y honestidad, así como de aceptar las diferencias (en la forma de ser, la visión del mundo y de las circunstancias, la manera de asumir los conflictos o problemas, etcétera), para encontrar no sólo puntos de vista, actitudes y expectativas en común, sino también complementarias, de tal manera que la suma de las individualidades genera un todo (pareja) continuamente enriquecedor para ambos.

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