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LA HIPERTENSIÓN ARTERIAL: SILENCIOSA Y DE CUIDADO

6 enero 2016

La hipertensión arterial constituye actualmente uno de los mayores problemas de salud en todo el mundo, no sólo porque afecta a millones de personas sino por las graves repercusiones que tiene, ya que es la principal responsable de las enfermedades cardiovasculares como el infarto cardiaco, la angina de pecho, la trombosis cerebral (ataques cerebrovasculares) y la falla cardiaca (deterioro progresivo de la función del corazón), las cuales, en conjunto, son la primera causa de muerte entre los adultos.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de mil millones de personas en todo el mundo sufren de hipertensión arterial y esta enfermedad es responsable de casi la mitad (48%) de las muertes de origen cardiovascular que ocurren cada año.

En Colombia, de acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional de Salud-2010 y la información del programa “Así Vamos en Salud-2012”, 30% de los colombianos de 18 y 69 años de edad son hipertensos y el porcentaje aumenta con la edad, pues pasa de 44% entre los hombres y mujeres de 50 a 59 años a 62% en los mayores de 60. Además, las enfermedades del corazón debidas a la hipertensión arterial son una de las primeras 10 causas de muerte (responsables de 3 de cada 10 muertes) y la primera causa de años laborales perdidos por discapacidad en el país.

Al igual que en muchas otras naciones, en Colombia la hipertensión arterial no sólo afecta a las personas mayores de 45 años, sino que desde hace algunos años viene aumentando el número de hipertensos jóvenes, de 18 a 30 años; de hecho, la presión arterial alta en este grupo de edad es la principal razón por la cual hombres y mujeres de 22 a 35 años sufren de infartos, cuando hasta hace algunas décadas estos se presentaban a partir de los 50 años.

La hipertensión arterial no comienza de un momento a otro sino que va desarrollándose de manera paulatina, a medida que, con el paso de los años y por efecto de diversos factores predisponentes, las arterias se hacen más rígidas, lo que aumenta la presión con que circula la sangre en su interior.

Es por eso que la hipertensión arterial progresa de manera silenciosa durante varios años, o sea, que prácticamente no ocasiona síntomas, de modo que 1 de cada 4 personas afectadas no saben que son hipertensas, y la enfermedad muchas veces sólo se manifiesta por algún evento grave, como una trombosis cerebral o un infarto.

Entonces, es muy importante la medición periódica de las cifras de presión arterial, ya sea durante el examen médico de rutina, tomándosela en casa (automedición), o aprovechando las jornadas gratuitas de toma de tensión arterial que regularmente se llevan a cabo en clínicas y hospitales, supermercados, centros comerciales y otros establecimientos públicos. De acuerdo con las cifras obtenidas, la presión arterial puede ser:

Aunque para hacer el diagnóstico definitivo de la enfermedad es necesario corroborar dicho incremento, al menos con dos mediciones realizadas en días diferentes y en condiciones similares, ante cualquier aumento de las cifras tensionales es importante consultar al médico. Ello adquiere particular importancia al considerar que la hipertensión arterial no sólo es prevenible, sino tratable y puede controlarse de manera efectiva para así evitar cualquier complicación grave.

Además de la herencia y el envejecimiento, otras condiciones que favorecen el desarrollo de esta enfermedad y aumentan el riesgo de complicaciones cardiovasculares son: la obesidad, la falta de actividad física (sedentarismo), el estrés emocional, el hábito de fumar (tabaquismo), el consumo excesivo de alcohol, la diabetes y los trastornos del colesterol (dislipidemias).

Una vez diagnosticada la hipertensión, el tratamiento está dirigido a reducir las complicaciones y el riesgo de muerte por causas cardiovasculares; para ello, es esencial reducir la presión arterial a valores cercanos a los normales (que son de 120/80 mm de Hg), y mantenerlas así por el mayor tiempo posible.

El tratamiento comprende dos aspectos básicos, los cuales si bien no curan la hipertensión arterial, sí son muy efectivos para mantenerla controlada. La modificación del estilo de vida es la estrategia inicial en todas las personas hipertensas y sólo si resulta insuficiente después de un tiempo prudencial, se recurre al uso de medicamentos antihipertensivos.

Las modificaciones del estilo de vida para prevenir y controlar la hipertensión arterial comprenden:

- Mantener un peso adecuado para la estatura y la edad.

- Bajar de peso, en caso de sobrepeso u obesidad.

- Practicar ejercicio con regularidad.

- No fumar o dejar de hacerlo.

- Reducir el consumo de bebidas alcohólicas.

- Controlar el estrés emocional.

- Alimentarse sanamente (disminuir grasas y sal, consumir abundantes frutas y verduras) y evitar las “comidas rápidas” (fast food).

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